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¿Por qué tener un sugar daddy arruinaría tu vida?

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El amor, el verdadero, es el resultado de combinar amistad y sexo. La pareja ideal es aquélla que logra acordar un intercambio equilibrado entre belleza (la que ella ofrece) y estabilidad económica (la que él le da).

¿Comprendes lo que intentamos decirte?

Estés de acuerdo o no con la definición que en este artículo le damos al “amor”, te recomendamos poner mucha atención a lo que explicaremos a continuación: si eres hombre, debes saber que tu dinero no es la solución a tus problemas amorosos (por lo menos no de manera definitiva); si eres mujer, es cierto que tu belleza puede acercarte al mejor partido (pero no para siempre).

Las relaciones sentimentales se basan en la similitud de dos y el compañerismo entre ambos, por lo tanto, el sueño de enamorar a un magnate 15 años mayor que tú (me refiero a cualquier chica linda), no es del todo cierta. De hecho, tener un sugar daddy podría arruinarte la vida.

Elizabeth McClintock, socióloga de la Universidad de Notre Dame, realizó una exhaustiva investigación en la que concluyó que una relación entre un adinerado hombre de negocios y una modelo escultural incapaz de sumar, no es posible. ¿Por qué? Las parejas que se comprometen y, por lo tanto, se aman de verdad, son las que consiguen acordar –de manera implícita– un intercambio justo y equitativo. Es decir, un chico atractivo se emparejará –en todos los sentidos– con una chica atractiva; un hombre con grandes ingresos se sentirá atraído por una mujer con una posición económica similar y así respectivamente.

Esto sucede porque, de manera natural, el ser humano intenta mejorar su condición y eso es imposible al lado de alguien inferior. Es decir, una persona con un rostro simétrico jamás se sentirá satisfecho o exitoso con una pareja de rasgos toscos. Por lo tanto, las múltiples y populares relaciones entre sugar daddys y sugar babes son sólo una distracción pasajera, mas no un acuerdo definitivo y benéfico para ambas partes.

En algún momento el proveedor notará que, después de algunos años, la mujer que lo volvía loco ya no es tan joven y hermosa. Habrá otras más sensuales, interesantes y dóciles a su alrededor, por lo que el “contrato” se anulará. Obviamente quien pierde más es la joven que desperdició su tiempo al lado de alguien que jamás planeó comprometerse con ella y que –tarde o temprano– será reemplazada. Mientras que un sugar daddy no pierde más que algunos ceros en su cuenta bancaria, mismos que no le importa volver a invertir en un nuevo y fresco affair.

 

La realidad es que el éxito profesional, económico o físico (por decirlo de alguna manera) sólo se lleva bien con más éxito. Nadie en sus cabales pensaría que es beneficioso enamorarse y comprometerse con alguien de un menor estatus social, por lo menos no en círculos de clase media y media alta. Es cruel y desesperanzador para aquellas que planean asegurar su futuro a partir de sus atributos físicos y nada más, pero es la única verdad. Una vez que una joven consigue su atesorado sugar daddy la cuenta regresiva comienza y el mínimo atisbo sobre el rostro –una arruga por ejemplo– o sobre el cuerpo, será razón suficiente para que ella sea reemplazada por otra y despojada de todos sus “privilegios”. Mismos que, probablemente, no tiene idea de cómo conseguir sin un patrocinador.

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